
Esta gran jazzista nos evoca sensualidad con su excelente voz, pero no sus inicios se dan en la Gran Manzana lugar donde ella se pulió para hechizarnos con su magnetismo.
Con veinte años cumplidos, Norah volvió a Nueva York para unas breves vacaciones poco antes había tomado contacto con un grupo de músicos de la gran manzana y quedó prendada.
Una vez en “La gran manzana”, pronto hizo pie en el fértil circuito de garitos de conciertos de Greenwich Village y colaboró con diversas bandas. Durante dos años se ganó la vida cantando en salones de jazz, almuerzos y happy hours, muchas veces ante menos de quince personas y cobrando sólo de las propinas que les daban los parroquianos.
Sin embargo, en esa época supo que quería vivir de cantar en vivo y que iba a hacer todo lo posible por lograrlo. Abandonó la universidad, empezó a escribir sus propias canciones, formó parte del combo de funk fusion, Wax Poetic, y finalmente montó su propio grupo con el bajista Lee Alexander, el guitarrista y compositor de Don’t Know Why, Jesse Harris, y el baterista Dan Rieser. Por esa época se estabilizó como cantante en el club nocturno The Living Room. Hasta que alguién la promocionó…